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3 de marzo de 2011

¿Por qué mis autorretratos?

Creo que ningún artista, en el momento de autorretratarse, se ha preguntado esto. Francis Bacon explicaba que después de la pérdida de personas queridas sólo le quedaba su propio rostro, a pesar de que éste le inspiraba un rechazo total y creo que Frida Kahlo sí se lo llegó a preguntar… Pero el caso es que me preguntaste "el porqué" de mis autorretratos y de esta manera trataré de responderte:

Nunca imaginé que “el por qué” iba a ser tan importante. Para mí siempre ha sido una cuestión de impulsos, de desahogar lo que siento, de expresarme. Las imágenes a diferencia de las palabras, pueden dar cuenta de cosas que nosotros mismos no somos capaces de ver. El mensaje entre emisor y receptor se enriquece porque las palabras de alguna forma limitan debido a su significado, en cambio la imagen siempre está sujeta a nuevas interpretaciones. Todo depende de quién la mire y del contexto.

Yo llegué a esto por accidente, por una curiosidad inconsciente que con el tiempo se hizo notar y me puso a preguntarme acerca de quién soy, de cómo soy, de cómo me veo y me ven los demás y un sinnúmero de preguntas más.

Con la cámara de una amiga comencé a tomarme fotos… Si bien no tenía interiorizada la razón, sabía que quería verme de la mejor manera en esas fotos. Intenté ángulos, distintos tipos de iluminación, poses… en fin. Y así comencé.

Durante mis épocas de estudiante de artes plásticas, un compañero me hizo dar cuenta de la fijación que yo tenía conmigo misma. Yo ni siquiera lo había percatado y a partir de ahí comencé a hacerme consciente de lo que estaba haciendo.
Empecé a pensar que tenía algún tipo de narcisismo, que quería inmortalizarme. Leí acerca de eso, del Yo, el Super Yo, el Ego, las neurosis, etc. sin entender mucho del tema … y me seguía tomando fotos desde una perspectiva más del placer de verme que desde el análisis. No tenía referentes, no buscaba hacer arte, solo verme bonita.
Estaba influenciada en gran parte por las redes sociales, que por ese entonces no tenían el impacto de ahora pero que estaban empezando a crear una nueva cultura de la imagen: Me quería ver bonita en la foto que iba poner en mi perfil.
Paralelamente pintaba cuadros que estuvieran influenciados mayormente por mis estados de ánimo, por lo que sentía. Lo que realmente me importaba era yo. No había bocetos y como en la fotografía, tampoco tenía referentes, lo cual era una gran contradicción a la academia y a mi proceso como artista.

Luego peleé con las artes, las mandé a un lugar lejano de la memoria y las llené de polvo. Fue ahí cuando conocí la fotografía comercial. Estaba embelesada con la moda, con el producto. Nunca más iba a coger un pincel, nunca más iba a preocuparme por la investigación, el porqué, el mensaje, los referentes, el concepto, los símbolos, cosas que nunca fueron relevantes para mí. Quería lo superficial, lo comercial, vender imágenes que fueran bonitas, que generaran algo que no trascendiera en la esencia, que no cuestionara, que solo decorara una pared o simplemente me hiciera reconocida dentro del ámbito fotográfico.

Recuerdo cómo fue que sucedió. Estaba triste, mi alma estaba quebrada. Tenía que desahogarme de alguna manera, así que tomé mi cámara y registré ese momento. Al día siguiente, después de una noche entera de lágrimas y de mirar en el espejo el reflejo de una mujer horrible, con ojos hinchados, barros, el cabello sucio y la pijama vieja, me volví a registrar. No quería verme bonita, quería verme como me estaba sintiendo. Puse una tela negra en el fondo, la cámara a un metro de la pared. Sin luces, sin maquillaje… Éramos la cámara y yo solamente en la habitación.. y registré el momento.
Al ver la fotografía supe que lo había logrado. El momento que existe después de tanto llorar, cuando se siente que no sólo los ojos están secos y vacíos, sino también tu alma, quedó registrado. Voluble, frágil, con el corazón roto y la esperanza en el subsuelo el arte volvió a encontrarme. Estaba fascinada con la idea de una imagen real.

Todas nos queremos ver bonitas, todas queremos ser siempre la que más miradas acapara… Yo no quería mostrarme así. Quería que me vieran en los estados que siempre le ocultamos a la sociedad por ese miedo pendejo al qué dirán o por aparentar siempre estar perfectos. Me pregunté, cómo no quiero que me vean? Cuáles son las fotos o los momentos que siempre tratamos de borrar y olvidar? Y salió “Sin maquillaje, sin retoque, sin bañarme”, que es un trabajo que no tiene fin porque a medida que pasan los años, vamos soltando o adquiriendo nuevos pudores o miedos. Me fotografié con la cara insolada, estando drogada, con conjuntivitis y llorando. Esta última foto causó gran impacto por la visceralidad de la imagen y a pesar de las opiniones de muchos, para mí es mi fotografía favorita.

Hacer esta serie me hizo dar cuenta de la cantidad de máscaras que nos ponemos, de lo perfectos que siempre nos tenemos que ver. Como si nunca sufriéramos de nada, como si fuéramos inmunes al dolor o las enfermedades. La serie nació de un dolor que me hizo crear algo que más adelante me generó cuestionamientos acerca de lo “inhumanos” que nos hemos vuelto, de la vergüenza que tenemos cuando estamos en los estados más frágiles.
Me liberé de alguna manera de lo que pudieran pensar de mí porque yo no siempre estoy bonita; también tengo mañanas en que no quiero que nadie me vea, también lloro, también me enfermo, también me drogo y eso me hace quien soy.
No tengo problema con mostrar el lado humano de mi humanidad o mi ser… es lo que soy!

A partir de ahí me hice consciente de lo que estaba haciendo. Del dolor salió una creación… salió mi arte y de ese arte la gran pregunta de quién soy. Pregunta que creo que nunca voy a resolver porque la imagen que tenía de mí misma hace un par de años no es la misma que tengo ahora y no va a ser igual que la que tendré dentro de otros tantos. Estamos en constante evolución, dejando costumbres, manías, adicciones y adoptando otras nuevas… Tenemos algo que nos define, una esencia, pero siempre estamos cambiando.
“Sin maquillaje, sin retoque y sin bañarme” es una serie que me ha hecho más reflexiva de mi proceso. Sé que estoy buscando algo, sé que un modelo no me puede dar lo que quiero expresar porque nadie siente de la misma manera que yo siento, nadie se expresa como yo lo hago porque dentro de la masa de seres humanos que somos, cada uno es único.

Ahora que ya sé que me puedo ver bien y me puedo ver mal en las fotografías y que no tengo problemas ni vergüenzas o miedos de verme como soy, no sé exactamente lo que estoy buscando en mi propia imagen y por eso no te puedo responder tan fácilmente a tu pregunta.

De pensar que quiero verme hermosa siempre, pasé a pensar que quería eternizarme y dejar rastro de mi paso por el mundo y finalmente estoy creyendo que las ganas de retratarme sólo son el deseo de saciar la curiosidad de saber quién soy en determinado momento de mi vida.
Lo cierto es que ahora no lo hago sólo por la imagen y nada más. Ya siento que tengo que comunicar algo que siempre va a ser personal o que siempre va a estar ligado a sucesos de mi vida que por lo general están alejados de la felicidad o a alegría. Porque siempre vemos personas felices, sonrientes, alegres, enamoradas, saltando, en situaciones light y nunca vemos la persona que se levanta un domingo después de una trasnochada, la persona después de llorar por horas o los defectos físicos, lo que no nos gusta de nuestro cuerpo.

Mis autorretratos me han ayudado a afrontar miedos y vergüenzas que sin querer se me han impuesto gracias a la sociedad, el entorno, la cultura, los prototipos de belleza que existen. A través de ellos me doy cuenta de cosas que antes no había visto en mí, me enfrento con la realidad vista desde mis ojos, desde mi mente, desde mi alma y mi punto de vista.. y entiendo lo que soy en el momento en que se realizó la fotografía.

Es un trabajo de introspección, más allá de saberse narcisista o no, de verme fea o bonita, es saber hasta dónde puedo o quiero llegar con mi imagen, hasta dónde soy capaz de mostrar o no y por qué… Todo esto, no es más que un proceso de autoconocimiento y autodescubrimiento, de sanarse y de volverse consciente de quién soy yo.

Es agotador, sorprendente, retador, impactante, frustrante, simbólico, de mucha relevancia y es interminable… El porqué que me preguntas, que no es otra cosa más que el cuestionamiento que me hago acerca de mí misma, es mi tema.