Lo que alguna vez comenzó como en una bobada de rebeldía hacia mí misma un viernes en la noche, se me convirtió en una relación de casi seis años queme tiene esclavizada. Ésta es una pequeña confesión de cómo el cigarrillo ha llegado al punto de ser una extensión de mi cuerpo.
Cualquiera de mis amigos sabe que yo no desayuno. Que la arepa, con huevito y chocolatico ahora son reemplazados por una tasa de tinto enorme y por unos cuantos cigarrillos. No lo perdono! Lo primero que hago cuando abro los ojos es bajar a la cocina, servirme en un mug de esos gigantes un tasa de tinto recién hecho, subir a mi cuarto, prender un cigarrillo y revisar mis correos y redes sociales.
Antes no era así. Empecé a fumar tarde, cuando tenía 21 años y mis amigos ya habían pasado por esa época de probar lo que en la casa les prohibían. Yo, en cambio, lo hice delante de todo el mundo y sin pena o sentirme culpable. Recuerdo el día, o mejor dicho, la noche con exactitud: Era viernes y estábamos sentados en el parque tomando cerveza. Todos fumaban Green y de pronto me dieron ganas. Me fumé uno. Digo que fue la primera vez que me fumé un cigarrillo, porque en verdad era la primera vez que me fumaba un cigarrillo completo. Y claro, tuve que soportarme los comentarios de algunos de mis amigos diciéndome y regañándome que no lo hiciera. Pero venga, que yo ya era lo suficientemente grande para saber el daño que me iba a hacer y para querer meterle semejante veneno a mis pulmones. Además, era solo uno, con eso no me iba a dar cáncer.
Comencé por fumar de uno. Escondida en mi casa, porque vengo de una familia donde cualquier cosa que genere dependencia, salvo la cafeína, es rechazada, casi que abolida y satanizada… Primero era uno, después dos… hasta que, no recuerdo cómo, terminé comprando la media cajetilla de cigarrillos.
A diferencia de muchas personas, no lo hice por encajar, porque mis amigos me adoraban siendo no fumadora; tampoco por bajar de peso, porque aunque no me sentía 100% cómoda con mi cuerpo, siempre vi a mis gordas primas fumar y no lo asociaba con eso… Desde siempre me gustó el olor del cigarrillo, la manera como algunas personas lo manipulaban con sus dedos, incluso el humo me parecía que se veía hermoso saliendo de la varita de papel… y aún hoy sigo pensando lo mismo.
La relación con el cigarrillo llegó hasta el punto en el que hoy se encuentra, desde hace tres años. Si lo vamos a decir de una manera trágica y cruel, se me salió de las manos cuando estuve en una relación que me sacó canas y me volvió más ansiosa de lo que era. Y ahí si logré asociar el cigarrillo como método alterno de una dieta, cuando sin darme cuenta logré bajar más de lo que alguna vez pensé que bajaría.
El caso es que llegué a fumarme un poco más de una cajetilla y media al día, de no concebir pasar bueno un fin de semana en una finca si se acababan los cigarrillos, de pensar dos veces antes de entrar a un bar en donde no hay un espacio para los fumadores.
Escribo esto, primero porque estoy tratando de hacer rendir la cajetilla que compré esta mañana y que ya va en menos de la mitad y porque el tema surgió durante una conversación que tuvimos, precisamente en una finca con mi mejor amiga, unos amigos y yo.
Lo confieso: Fumar es casi lo mismo que tener novio. Y lo comprobé el día que dejé de fumar. Sí, qué creyeron? Que nunca lo había intentado? El día que dejé de fumar, ya me había dado cuenta de que por más perfumes que me aplicara, el olor a nicotina nunca se iba de mi ropa, que el olor a cigarrillo en mi pequeño cuarto se disipaba, solo si me iba de viaje… y cuando eran las 5 de la tarde y ya me había acabado un paquete. Ese fue el día en que dije: a partir de mañana dejo de fumar!
Mis papás, mis amigos, incluso personas ajenas a mi vida me apoyaron al 100% y trataron de animarme. Cosa que no necesitaba mucho, al contrario de muchos fumadores, en los primeros días. Estaba tan determinada, que no me molestaba que mis amigas me fumaran al lado.
Pero la cosa se puso tensa y complicada. Me volví agresiva, malhumorada, ansiosa. Todo era un problema, todo el mundo me exasperaba y no me aguantaba ni a mí misma. Y lo peor de todo, la peor pesadilla para cualquier mujer, me dediqué a comer. A las dos semanas me di cuenta que mis jeans ya no me entraban, que mi cara era un poquito más redonda y que mi estado anímico parecía el de una adolescente en plena crisis. Era mi peor versión de mí. Había cambiado un vicio por otro y en vez de sentirme mejor conmigo misma, me quería tirar por un balcón!
(Pausa para encender un cigarrillo)
Entonces me puse filosófica y entendí que lo peor de fumar es precisamente dejarlo. Los fines de semana ya no eran los mismos. La cerveza y el tinto no sabían igual.. y muchas veces me encontré rompiendo la etiqueta de la botella para tener algo que hacer con mis manos. Además, el cigarrillo te ofrece la oportunidad de volverte cómplice de quienes también fuman… La excusa de "vamos a fumarnos un cigarrillo" es buena para conocer a alguien y tener conversaciones largas y amenas, así no haya trago. Mientras tenga mis Marlboro, todo está bien y sobrevivo.
Es también una excusa perfecta para evadir cualquier momento o situaciones incomodas… "voy por un cigarrillo; es que voy a fumar y aquí no puedo"… Esperar sin cigarrillo no es lo mismo porque uno está entretenido y la paciencia se estira un poquito… Además, el cigarrillo postpolvo es ideal para uno no ser la mujer que busca el arrunche justo después del acto. Ay no! Movete que me quiero fumar un cigarrillo… y aunque no lo crean, es el mejor de todos los que uno se fuma en el día.
Dejar de fumar es como terminar con un mal novio de una relación eterna. Al principio uno está bien, no te hace falta, estás feliz. Incluso, te ves radiante, con los ojos brillantes, la piel mas sana, pero eventualmente irás decayendo y lo extrañas y te dan ganas de llamarlo, tal vez, de darle una probadita, pero solo una por los viejos tiempos… y aunque con el tiempo se te olvida y estás bien sin él.. donde hubo fuego… cigarrillos esperan.
Yo me dejé envolver nuevamente por su humo, pero advierto que lo hice por el bien de todos mía allegados. Entraba a la etapa de finales de la universidad y no podía seguir como iba. Aparte de histérica hinchada…!!! No, ni a bala! Sabía perfectamente que el cigarrillo no me adelgazaba, pero al menos no me hacía subir de peso. Y ya, para ese mes, había ganado 7 kilos y era el chiste de mi exnovio cuando me cantaba que estaba gordita pero que chup…. imagínense el resto de la canción!!! Era un tití, nadie me hablaba, todo era mal. Era una emo, sin minoras y canciones depresivas!!!! Así que justo cuando cumplí los 30 días sin nicotina en mi organismo decidí que no iba a vivir más así. Y le compré a Doña Nelly un Marlboro. Lo acompañé con el respetado tintico y mi alma volvió al cuerpo!!!! Claro, no faltaron los comentarios de quienes sabían que lo había dejado!!! Ahh! volviste a fumar? No fuiste capaz? El colmo!!! Vos sabes el daño que te estás haciendo?
Cómo si no lo supiera!!! Y vos sabes el daño que su ausencia me estaba haciendo? No lo saben, porque no fuman.
Y sí estoy consciente de que en ese mes, mi piel se veía hermosa, que mis ojos brillaban, que cuando subía las escaleras del metro no me fatigaba tanto, que no olía a nicotina… y que incluso, algunos de mi amigos habían demostrado un cierto respeto hacia mí que se evaporó en el momento en que me vieron otra vez fumar! Pero ese ser extraño y monstruoso, digno de una película adolescente estadounidense me había reemplazado y no quería ser esa persona…
Me sigo fumando lo mismo que antes de haberlo dejado, me gusta fumar y sé cuáles son las consecuencias… pero también sé que uno tiene el momento para parar del todo y ya me di cuenta que no es tan difícil. Dejar de fumar es fácil mientras tengas otro vicio (que no sea la comida) para cambiarlo. La primera semana es crítica y después ya ni falta hace… (como los novios)… pero la relación que se desarrolló durante todo el tiempo que llevo fumando es algo que dura para toda la vida por más que uno ya no fume (a diferencia de las relaciones con los hombres)
Te sigo contando?
15 de junio de 2011
Mi cigarrillo y yo!
10 de mayo de 2011
Cuando será que tendremos las güevas para hablar con claridad y mandar a la mierda las habladurías de la gente.
Te sigo contando?
26 de abril de 2011
Soy invierno
Soy una risa estrepitosa y una sonrisa sin orillas, una a la que la luna advierte y una a la que atropella la brisa. Soy impetuosos episodios, lamentos desorbitados, recuerdos borrosos y la que soltando tempestades se va despacio. Soy unas botas negras y un cabello recogido, la detractora del tiempo y la de los minutos perdidos. Soy una imagen sobreexpuesta, unos pasos acelerados, soy un cigarrillo a medias y un tinto recargado. Soy una guitarra empolvada y un sueño amanecido; soy un paraguas húmedo y algunos hechos buscando el equilibrio. Soy un pedazo de muerto y un remate de vida, la que enviuda sentimientos y la que recicla poesía. Soy disparate de una noche y cordura extinta, la de desmandadas emociones, atravesadas reflexiones y la de intenciones malignas. Soy canción muda, insulto omitido, la que ausente está presente y exhibida no se mira. Soy un fragmento de escrito, una porción de lo digo, soy punto final y también puntos suspendidos.
Te sigo contando?
23 de abril de 2011
?
Cuando uno se desahoga queda vacío. Y después del vacío qué más hay? Algunas preguntas, suposiciones, recuerdos vagos, las letras nubladas de una canción escuchada en la radio y quiero creer que la conciencia.
Luego de haber sacado todo, me quedé vacía y sin embargo, hoy me atropellaron las ganas de escribir. Tremendo choque. Entonces pienso en cosas absurdas, en los viajes de los amigos, en el sol que amaneció haciendo a pesar de esta temporada invernal. Fijo, por la tarde llueve. Pienso por 5 segundos en el lugar donde estará cierto personaje y veo la cara de mi mamá escuchando el concierto. En realidad, pienso para llenar el vacío que dejó el desahogo no sé si en la cabeza, en el alma o en el estómago (porque son casi las doce y no he desayunado) y para atiborrar las hojas en blanco que veo virtualmente en la pantalla.
Cuando uno lo saca todo, no quedan sino un montón de "debería" parados en hileras, uno después del otro, como esperando a que yo, en un impulso mediocre por cambiar la rutina del día, los transforme en cualquier otra palabra que remita al hecho de haber concretado una acción.
Debería sentarme a estudiar, pero no quiero. Debería salir a correr, pero ya está muy tarde para eso. Debería bañarme y organizar mi cuarto, pasarle la escoba al piso, el trapo a los muebles, pero eso sería como salir a correr. Debería dejar de tomar café negro y en serio, dejar de fumar, pero no hay otro vicio tan ameno como para reemplazarlo. Debería aprender a manejar, aprender a hablar (cosa difícil), aprender a escribir, aprender a pensar. Debería trabajar más, leer más, pintar más y tomar menos, trasnochar menos, quejarme menos. Debería… pero es sábado con aires domingueros y estoy lejos de concretar cualquier cosa, salvo esto. Te sigo contando?
Luego de haber sacado todo, me quedé vacía y sin embargo, hoy me atropellaron las ganas de escribir. Tremendo choque. Entonces pienso en cosas absurdas, en los viajes de los amigos, en el sol que amaneció haciendo a pesar de esta temporada invernal. Fijo, por la tarde llueve. Pienso por 5 segundos en el lugar donde estará cierto personaje y veo la cara de mi mamá escuchando el concierto. En realidad, pienso para llenar el vacío que dejó el desahogo no sé si en la cabeza, en el alma o en el estómago (porque son casi las doce y no he desayunado) y para atiborrar las hojas en blanco que veo virtualmente en la pantalla.
Cuando uno lo saca todo, no quedan sino un montón de "debería" parados en hileras, uno después del otro, como esperando a que yo, en un impulso mediocre por cambiar la rutina del día, los transforme en cualquier otra palabra que remita al hecho de haber concretado una acción.
Debería sentarme a estudiar, pero no quiero. Debería salir a correr, pero ya está muy tarde para eso. Debería bañarme y organizar mi cuarto, pasarle la escoba al piso, el trapo a los muebles, pero eso sería como salir a correr. Debería dejar de tomar café negro y en serio, dejar de fumar, pero no hay otro vicio tan ameno como para reemplazarlo. Debería aprender a manejar, aprender a hablar (cosa difícil), aprender a escribir, aprender a pensar. Debería trabajar más, leer más, pintar más y tomar menos, trasnochar menos, quejarme menos. Debería… pero es sábado con aires domingueros y estoy lejos de concretar cualquier cosa, salvo esto. Te sigo contando?
Una cosita más!
Pensé que había terminado, que con esa despedida ya había concluido y sacado todo lo que sentía. Pero resulta que todavía tengo residuos de ira caminando por mi cabeza. Que quede claro que esto no lo hago por vos, sino por el desconcierto que me generaste, ese que se fue transformando en decepción y en una especie de antipatía vulgar y desganada. Qué coincidencia tan amarga! Ahora puesto en palabras, es la misma metamorfosis que sufriste vos después de estar algunas horas a mi lado. Y no sé porqué me sorprendió darme cuenta de que no estabas hecho del mismo material que el mío, si ya otros como vos han pasado por estos caminos… Otros que fueron mejores en muchas otras cosas. Pero no, sigo repasando una y otra vez los momentos en que me dejaste sin aliento y no propiamente porque éstos fueran buenos. Debería dejarte seguir de largo sin hacer este alto pero repito, los resabios del coraje que te tengo me hacen querer escribir esto sin un propósito más que el de irme de vos sin tener que hablarte o verte más la cara. Si acaso crees que esto es duro para mí, no te equivoques porque al fin y al cabo, no eres sino la evidencia por la cual yo sigo siendo lo que soy.
Después de analizarlo, pienso que lo que te terminó acobardando no fue conocer a mis padres y amigos, ni conocer mi faceta de confidente, tampoco que te hubiera tratado como alguien a quien conocía de toda mi vida o que te demostrara la importancia que en algún momento pudiste tener para mí. Lo que realmente te asustó es que no di mi brazo a torcer en ningún instante, que todas esas conversaciones llevaron a sus hechos, que fui consecuente con cada una de las palabras que te dije y que tengo los pantalones muy bien puestos incluso cuando estoy en la cama.
Nunca se te pasó por tu confundida cabeza que las diversiones y los "raticos" también se pueden tomar en serio y sin pretensiones de compromiso. Nunca llegaste a pensar que el metro y medio de persona que tenías al frente iba a resultar siendo mucho más completa, más directa, más segura que cualquier otra. Jamás imaginaste que no ando con rodeos y que lo que digo, por lo general lo llevo a cabo.
Te di la bienvenida y te abrí las puertas de mi valioso tiempo, de mi mundo y de mi casa tan fácil porque pensé que estábamos jugando a lo mismo pero creíste que yo era una de esas mujeres desechables, que los hombres botan después de que se limpian las preocupaciones con ellas y eso me hizo terminar de hacer, también así de fácil, lo que vos, con tu actitud adolescente, empezaste: cerrarlas y dejarte siendo parte inexistente de mi universo.
Por un instante lograste dejarme desarmada y sin las palabras que un poco antes fueron necesarias para montar toda esta función circense en donde el payaso terminaste siendo vos.
Lo siento, pero por vos oorque en cuanto saque todos estos vestigios de enojo de mi cuerpo, esta historia no será sino una simple anécdota que le contaré a mis amigos en una noche de tragos cuando el alcohol empiece a hacer su efecto en mí. Después entrarás a ser parte de esos "otros" que pasaron por aquí dejando desencantos y recuerdos borrosos mientras yo sigo con mi vida como si nada hubiera pasado y riéndome de mi inocencia al creer en tus palabras que, al final, resultaron siendo un buen disfraz para la seguridad que te hace falta y la insuficiencia de pantalones que tenés.
No me vas a hacer falta, no voy a derramar lágrimas y tampoco vas a ser la causa de canciones fatalistas y corta-venas dedicadas. No te lo mereces y tampoco me provoca… Ni siquiera te mereces esta cantidad de palabras o esta inversión de tiempo pero como ya te dije, estoy escribiendo para poder quitarme la histeria que tengo ahora que sé que estás hecho de palabras y actos pusilánimes.
Con este último suspiro termino y recuerdo entonces el dicho popular que dice que lo bueno no dura… pero sabes qué? Ni llegó a ser bueno y para lo que fue, duró mucho. Te sigo contando?
Después de analizarlo, pienso que lo que te terminó acobardando no fue conocer a mis padres y amigos, ni conocer mi faceta de confidente, tampoco que te hubiera tratado como alguien a quien conocía de toda mi vida o que te demostrara la importancia que en algún momento pudiste tener para mí. Lo que realmente te asustó es que no di mi brazo a torcer en ningún instante, que todas esas conversaciones llevaron a sus hechos, que fui consecuente con cada una de las palabras que te dije y que tengo los pantalones muy bien puestos incluso cuando estoy en la cama.
Nunca se te pasó por tu confundida cabeza que las diversiones y los "raticos" también se pueden tomar en serio y sin pretensiones de compromiso. Nunca llegaste a pensar que el metro y medio de persona que tenías al frente iba a resultar siendo mucho más completa, más directa, más segura que cualquier otra. Jamás imaginaste que no ando con rodeos y que lo que digo, por lo general lo llevo a cabo.
Te di la bienvenida y te abrí las puertas de mi valioso tiempo, de mi mundo y de mi casa tan fácil porque pensé que estábamos jugando a lo mismo pero creíste que yo era una de esas mujeres desechables, que los hombres botan después de que se limpian las preocupaciones con ellas y eso me hizo terminar de hacer, también así de fácil, lo que vos, con tu actitud adolescente, empezaste: cerrarlas y dejarte siendo parte inexistente de mi universo.
Por un instante lograste dejarme desarmada y sin las palabras que un poco antes fueron necesarias para montar toda esta función circense en donde el payaso terminaste siendo vos.
Lo siento, pero por vos oorque en cuanto saque todos estos vestigios de enojo de mi cuerpo, esta historia no será sino una simple anécdota que le contaré a mis amigos en una noche de tragos cuando el alcohol empiece a hacer su efecto en mí. Después entrarás a ser parte de esos "otros" que pasaron por aquí dejando desencantos y recuerdos borrosos mientras yo sigo con mi vida como si nada hubiera pasado y riéndome de mi inocencia al creer en tus palabras que, al final, resultaron siendo un buen disfraz para la seguridad que te hace falta y la insuficiencia de pantalones que tenés.
No me vas a hacer falta, no voy a derramar lágrimas y tampoco vas a ser la causa de canciones fatalistas y corta-venas dedicadas. No te lo mereces y tampoco me provoca… Ni siquiera te mereces esta cantidad de palabras o esta inversión de tiempo pero como ya te dije, estoy escribiendo para poder quitarme la histeria que tengo ahora que sé que estás hecho de palabras y actos pusilánimes.
Con este último suspiro termino y recuerdo entonces el dicho popular que dice que lo bueno no dura… pero sabes qué? Ni llegó a ser bueno y para lo que fue, duró mucho. Te sigo contando?
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
