Hace un año escuchaba a Draco hasta el cansancio, mi grupo social lo componían personas siete años menores que yo, estaba empezando mi etapa final de estudios y visitaba los mismos lugares de siempre. Hace un año pensaba en irme para siempre, terminaba participando en fiestas hasta la madrugada y tenía 25 años.
Hoy escucho a Draco de vez en cuando, mi grupo social volvió a ser el de hace 10 años (los amigos de siempre), estoy terminando mis estudios y casi no salgo. Hoy, estoy haciendo cosas para mi viaje, mis fiestas son hasta las 2:30 a.m. como máximo y los 26 me han dado más duro de lo que pensé.
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| Abril 8 de 2010 Fotos: Juan José Cordero |
Hace 371 días, a las 8 de la mañana me pasé una máquina por la cabeza y me libré de toda mi cabellera rosada. No fue un ataque de rebeldía sino de arte. Necesitaba estar rapada para poder tomarme una foto para una serie de fotografías que, en ese entonces, demostraba una seguridad que ahora está casi extinta… una serie que me mostraba realmente como era en mis estados más volubles y menos estéticos.
El cambio no solo fue superficial sino que me llegó al alma. Generar asco, discordia, repudio, respeto, admiración, asombro y todo de una manera tan directa. Sentirme indeseable para la mayoría de los hombres, valiente para las mujeres y mirarme en un espejo mes tras mes para experimentar sentimientos y estados de ánimo tan cambiantes… y decirme siempre: "el pelo vuelve y crece", fue una experiencia de la cual no me arrepiento pero no me gustaría repetir (aunque a veces me den ganas).
Raparme la cabeza no sólo hizo liberarme de todas las energías que venían acumuladas, sino que también me hizo un poco más fuerte y más consciente de los estándares de belleza que hay que cumplir para poder "encajar" en los grupos sociales. Y aunque, meses después de hacerlo, el tiempo pareció dejar de correr y volverse eterno, si hoy no cuento la historia, nadie se daría cuenta de que hace un año yo no tenía pelo.
Así me veo hoy
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| Abril 14 de 2011 - Autorretrato |


